Se acercan las fiestas de Navidad, y con ellas también los excesos navideños.

En la Fiestas de Navidad, los excesos son mucho más frecuentes en las comidas y cenas que el resto del año. Los dulces en exceso, chocolates, polvorones, turrones, roscones,…son productos que tienen en general un bajo valor nutritivo y muchas calorías. Y además, en muchos casos nos enfrentamos a situaciones emocionales complicadas, especialmente por discusiones con otros miembros de la familia.

Hay varias cosas que podemos hacer para disfrutar de la Navidad, sin caer en los excesos.  Aquí tienes algunas ideas:

Mindful Eating o Alimentación Consciente

La alimentación consciente que se trabaja desde Mindfulness, considera que tan importante como lo que comemos, es cómo lo comemos.

Así, si no puedes decir «no» a tanta oferta de «dulces tentaciones» y otros excesos navideños, al menos cómelos de forma consciente. Esto te va a ayudar a facilitar la digestión, y también, aunque no lo parezca a reducir algo la cantidad que consumas.

¿En qué consiste la alimentación consciente?

La alimentación consciente supone incorporar la calma en el momento de la comida. Con esto conseguimos aumentar nuestra satisfacción por lo que comemos. Por otro lado, al masticar más despacio, ayudamos a la asimilación del alimento. Y de esta manera conseguimos que nos nutra mejor.

Hay que tener en cuenta también, que nuestra digestión es sensible a las inquietudes emocionales.

Está demostrado que las navidades son una época en la que los conflictos familiares se incrementan. Durante las cenas y comidas familiares se generan temas de discusión en los que los distintos miembros de la familia no siempre se ponen de acuerdo. Y al final, se puede terminar discutiendo, y convirtiendo la cena en «una batalla campal».

Por eso, puede ser interesante proponer como reto (o como un juego) comer en silencio. El objetivo puede ser simplemente saborear mejor cada uno de los platos. Siendo conscientes de que alguien ha dedicado tiempo y cariño a prepararlos.

Es cierto que, sobre todo en estas celebraciones, comer en silencio puede ser complicado y extraño. Pero puede proponerse hacerlo sólo en uno de los platos, a ver que pasa. Y después compartir cada uno lo que ha sentido. Los diferentes sabores, olores y colores de cada plato.

Así, si ha surgido algún tema de discusión un poco «espinoso», se relajará la tensión. Y si después de la comida o la cena se hace un brindis, las diferencias pueden quedar limadas.

El poder del agradecimiento

Hace tiempo, al menos en España, existía la costumbre de bendecir o agradecer los alimentos (costumbre que muchas familias mantienen). Ésta es una actitud que aporta beneficios tanto a nivel emocional como físico. Hay numerosas investigaciones que demuestran el efecto beneficioso de la oración. Y también de la gratitud.

mindfulness

Pero si además lo haces antes de iniciar la comida, te va a ayudar a prepararte para un estado de calma. Cuando comemos, la calma ayuda a que nuestro cuerpo digiera mejor los alimentos.

En este sentido, se puede agradecer al universo, al sol o a la lluvia que han hecho posible que las plantas y los árboles crezcan. Incluso, a los agricultores y a todas las personas que han colaborado para que los alimentos lleguen hasta nuestra mesa. O simplemente, a los propios alimentos, por nutrirnos y ayudarnos a mantener nuestra salud.

“Si la gratitud fuera un medicamento, sería el producto más vendido en el mundo

que serviría para el mantenimiento del órgano principal en cada sistema”

Dr. P. Murali Doraiswamy

Aprender a gestionar nuestras emociones

La gestión adecuada de las emociones nos puede ayudar tanto a evitar conflictos, como a controlar los impulsos por la comida.

Conectar con las emociones nos ayuda a sentirlas, y a comprenderlas. Es decir, saber qué te están queriendo decir. Así, puedes responder desde la calma, en vez de reaccionar ante cualquier situación que se te presente.

Mindfulness y gestión emocional

Desde el enfoque de Mindfulness, la gestión de las emociones se orienta a:

Ayudar a sentir las emociones, comprenderlas y aprender de ellas.
Invitar a sentir el cuerpo, a tener más consciencia corporal, porque es en el cuerpo donde las emociones se manifiestan.
En definitiva, cambiar la forma de relacionarse con las emociones.
Lo primero es aprender a estar en calma. Para ello, respirar de manera consciente es una práctica muy efectiva.

Sólo tienes que llevar tu atención a la respiración, e inspirar y exhalar siempre por la nariz. Y poco a poco, ir alargando la exhalación. Con cada exhalación tu cuerpo se va a ir relajando más y más.

Sea lo que sea que surja –pensamientos, emociones, sensaciones- dale la bienvenida sin juzgarlos, y luego lleva de nuevo tu atención a la respiración.

Desde la calma te va a ser más fácil conectar con la emoción que estés sintiendo en ese momento. Ya sea, enfado, tristeza, frustración o cualquier otra.

¿Cómo conectar con la emoción?

Los pensamientos que se generan en la mente producen un impulso que se va a expresar primero en forma de emociones, y después como una sensación física. Por eso, las emociones se sienten en el cuerpo.

Una vez que has localizado la emoción dentro de ti, con la respiración puedes ir aligerándola. Y poco a poco, vas liberando esta emoción, dejándola salir de tu cuerpo con la exhalación.

Pon en práctica estas propuestas para llevar mejor esos excesos navideños a los que nos enfrentamos.

¡MUY FELICES FIESTAS!